Día 11: El «Sunday Blues» y la Ansiedad de los Domingos

Ayer por la noche, antes de dormir, no podía dejar de pensar en algo que me ha rondado la cabeza durante años: esa ansiedad que surge cada domingo, conocida popularmente como Sunday Blues. Es inquietante pensar que este sentimiento tiene hasta un nombre, una especie de aceptación colectiva de una sensación que, si lo piensas, no debería ser tan «normal». Quizás no es normal, pero es indiscutiblemente común.

Y ahí está el problema. Llamarlo normal le otorga una legitimidad que no debería tener. Lo que en realidad es, es una epidemia silenciosa, una emoción compartida por tantos, que termina siendo parte de nuestras vidas sin que siquiera cuestionemos su existencia. Pero, ¿por qué hemos llegado a aceptar esto como parte inevitable de la semana? ¿Por qué es tan común sentir que el domingo es una especie de cuenta regresiva hacia el lunes, un preludio a una semana de estrés y obligaciones?

Es un pensamiento triste y, francamente, preocupante.

Hay más de 50 domingos cada año. Eso son 500 domingos en 10 años. No quiero pasar esa cantidad de días —una décima parte de mi vida— atrapada en una espiral de ansiedad. He decidido que no quiero que mis domingos sigan siendo así, y estoy dispuesta a experimentar y ajustar lo que haga falta para conseguirlo.

¿Es realmente solo el domingo el problema?

Probablemente no. Al fin y al cabo, lo que diferencia el domingo del sábado, por ejemplo, es que al día siguiente es lunes. Un nuevo comienzo de semana. Entonces, ¿no estamos solo odiando el domingo, sino también lo que representa? ¿No será que, más que el día en sí, lo que detestamos es la idea de que la semana empieza de nuevo?

Al escribirlo, me doy cuenta de lo aterrador que suena: ¿odiar la semana entera? ¿Realmente la vida ha llegado a eso?

Es un pensamiento que merece ser analizado más a fondo. Nuestras vidas están hechas de semanas, de días y de horas. No es una idea abstracta. Es nuestra realidad. Si cada semana trae consigo una ansiedad que culmina el domingo por la noche, ¿no estamos perdiendo una parte importante de nuestra vida?

¿Cómo cambiar esta dinámica?

La gran pregunta es: ¿cómo hacemos que las semanas sean algo que realmente esperemos con ansias? Porque de eso se trata, ¿no? De recuperar el sentido de ilusión por lo que viene.

Yo misma he estado buscando respuestas externas, pero me cuesta encontrarlas. No tengo un jefe terrible como antes, no estoy bajo amenaza de perder mi trabajo, y disfruto lo que hago, porque me reta y me enseña. No hay una crisis inmediata en mi vida laboral, pero aún así, la ansiedad del domingo sigue ahí. Y entonces me pregunto: ¿es esto suficiente motivo para el nivel de ansiedad que siento?

La respuesta que surge es que tal vez el problema no sea solo externo, sino también interno.

Presiones externas e internas: una combinación compleja

Vivimos en una época que genera una enorme presión externa. Los tiempos actuales, la velocidad de la vida moderna, las redes sociales, las crisis globales como las guerras y la pandemia, los gobiernos, las injusticias… todo se acumula. Es fácil sentirse abrumado por lo que sucede más allá de nuestro control.

Pero entonces está la parte interna, la que quizás es más difícil de identificar. Esa parte que aún no comprendo del todo. ¿Por qué sentimos la presión de «hacer más» o «ser más»? ¿Por qué la expectativa de tener una semana productiva puede nublar nuestra capacidad de disfrutar del presente? Y sobre todo, ¿cómo podemos cambiarlo?

Mi plan: experimentar con mi vida

He decidido que no quiero que mis domingos (ni mis semanas) sigan estando marcados por la ansiedad. Y aunque todavía no tengo todas las respuestas, voy a empezar a hacer experimentos para descubrir qué funciona para mí. Algunos pasos que tengo en mente son:

  1. Redefinir el domingo: ¿Qué pasaría si en lugar de ver el domingo como el final de algo, lo reimaginamos como el comienzo de algo que realmente queremos? Quizás se trata de transformar ese día en un espacio para actividades que nos emocionen y nos nutran, en lugar de verlo como el preludio del lunes.
  2. Crear rituales que me preparen para la semana: Incorporar pequeñas prácticas que me ayuden a anticipar la semana desde un lugar de calma y gratitud, en lugar de ansiedad. La meditación, el ejercicio o incluso un simple paseo pueden hacer una gran diferencia en cómo nos sentimos.
  3. Buscar pequeños momentos de ilusión durante la semana: Si el problema es que los días laborales parecen grises, tal vez sea hora de incorporar momentos que me entusiasmen. No necesariamente tienen que ser grandes eventos, pero sí actividades o metas pequeñas que me hagan sentir que estoy disfrutando el presente y no solo esperando el fin de semana.

Reflexión final: más allá del «Sunday Blues»

A medida que avanzo en este proceso, me doy cuenta de que el Sunday Blues es solo la punta del iceberg. Es un síntoma de algo más profundo: nuestra relación con el tiempo y el trabajo, y cómo enfrentamos las expectativas que la sociedad y nosotros mismos nos imponemos.

Si bien no tengo todas las respuestas, he decidido que no quiero aceptar la ansiedad de los domingos como parte de mi vida. Y si eso significa replantear mis semanas, mis expectativas y mi relación con el trabajo, entonces vale la pena hacerlo.

Porque, al final del día, la vida no está hecha solo de fines de semana. La vida está hecha de semanas completas. Y yo quiero que cada una de ellas, no solo los domingos, valga la pena.

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